Un culo

Llevaba un buen rato llorando pero ya mi llanto no bastaba para robar su mirada, no sé por qué pero ese día pronuncié mi primera mentira, grité: me hago popó”. Aún recuerdo que rápidamente fue hacia mí y me cargó para ir al baño
Vengo a consulta pues todos los hombres me ven como un culo.

La que vende su cuerpo. (Autor invitado: Juan Pablo Lugo, @juanpa1o)

Desperté esa mañana ansiosa por revisar debajo de mi almohada, apenas con 7 años sabía el valor del dinero, ahí estaban 2 billetes con el rostro de Rafael Urdaneta, asumí que si conseguía colocar periódicamente mis piezas dentales, conseguiría otros billetes de igual denominación, así logre en menos de 3 meses hacer el trueque de todos mis dientes de leche con ese personaje desconocido, pero que pagaba bien.
Hoy a mis 25, soy una de las mas cotizadas damas de compañía de mi ciudad, y sigo beneficiada por un desconocido que me remunera generosamente al entregarle algo de mi cuerpo.

El Corredor

Entré a la habitación de mis padres. Él seguía postrado en la cama, le faltaban ambas piernas y sus rodillas estaban cubiertas por vendas. Mi madre estaba sentada a su lado llorando; fue la primera vez que vi a alguien llorar además de mí, y la primera vez que me sentí vacío.

Ella me miró y me dijo -Ven-. Recordé que yo sí tenía piernas y corrí con todas mis fuerzas para abrazarla. El vacío despareció por un momento.

Desde ese entonces no me he detenido nunca, soy el mejor corredor de seguros.

El que enseña

Era la primera vez que lograba pronunciar el abecedario completo, también fue la primera vez que vi a mi madre sonreír de orgullo. Ella volteó hacia mis hermanos mayores y en tono de reproche les dijo -Pues él será quien les enseñe.

¿Qué me trae a consulta? Pues que tengo que enseñarlo en público para poder tener una erección.

El Cura

Los gritos en la alcoba de mi madre hicieron que saliera de mi cama, corrí rápido hasta ella aún en pijamas. Un fuerte estruendo se escuchó en la entrada de la casa,  sabía que era mi padre marchándose.  Abrí la puerta del cuarto y la encontré sentada en la cama. Usaba las manos para cubrir su rostro empapado en lágrimas y sangre. Sentí una aguja en el estómago.

Sollozando susurró -tráeme el alcohol del baño para curarme-. Ahí estaba yo,  jugado por primera vez el juego que jugaría toda mi vida. Al regresar del baño con el envase, ya me había convertido en su cura.

Hoy no uso alcohol, en su lugar solo uso una sotana.

Sucio

El agua de la ducha me abrazaba, mi madre sonriente enjuagaba mi cabello, mis manos exploraban todo mi cuerpo.  No sé por que su rostro se transformó, un golpe seco separó mi mano del pene. De su boca salió en tono tajante la frase -No, eso es sucio.

Nunca más volví a hacerlo, hoy soy una pulcra dama de sociedad.

El aire del otro

Me miró a los ojos mientras quitaba su pezón de mis labios y me recostaba lentamente en la cuna. Mi llanto rompió el silencio. Ella llevó sus manos al bolso, pero esta vez no buscaba algún objeto para calmar mis gritos, sino para calmar su angustia. Tomó la caja de cigarrillos, encendió uno y me miró a los ojos.

Ese día nací, ese día me condené a vivir para darle mi aliento, ese día me sentencié a morir a los 57 años de un enfisema pulmonar.